Del autor Alicia Ivanissevich
Río de Janeiro

Un ojo en el cielo Cuando el Amazônia-1 sea lanzado el año que entra, procesará imágenes de la deforestación en la región amazónica, monitoreará las zonas agrícolas, las reservas de agua y las zonas costeras. (INPE)

Brasil ha finalizado la construcción del primer satélite construido en el país sin ayuda internacional. Amazônia-1, que será lanzado el año que entra, procesará imágenes de la deforestación en la región amazónica, monitoreará las zonas agrícolas, las reservas de agua y las zonas costeras. Con una resolución de 60 m, el satélite revisará la misma ubicación cada cinco días, mejorando así las probabilidades de detectar cambios repentinos en el ambiente.

El satélite fue construido por la Agencia Espacial Brasileña (AEB) y es el primer objetivo en la Plataforma de Misiones Múltiples (PMM), que comenzó en 2008 con el Instituto Nacional para la Investigación Espacial (INPE) en Brasil. “Desde el principio hemos tratado de hacer cuanto fuese posible aquí en Brasil, junto con la industria nacional, para lograr la autonomía; para que Brasil pudiera diseñar sus propias misiones”, dice el coordinador del PMM e ingeniero del INPE, Adenilson da Silva.

Según da Silva, el satélite ya pasó muchas pruebas estructurales, incluyendo que es capaz de operar en el rango de temperaturas entre los -80 °C y +80 °C. Ahora el INPE está probando los módulos y componentes electrónicos del satélite. La construcción del Amazônia-1 ha requerido la colaboración de aproximadamente 280 ingenieros: 110 del INPE y el resto proveniente de la industria brasileña. “La capacidad industrial que proporciona el Amazônia-1 beneficia a otros sectores estratégicos en Brasil, como la generación de energía, telecomunicaciones, aeronáutica y defensa”, explica el director del INPE Ricardo Galvão, cuya especialidad es la física de plasmas.

Hasta el momento, el costo del Amazônia-1 es de 81.6 millones de dólares y su construcción ha tardado 10 años. Pero da Silva cree que en el futuro los costos se reducirán y su construcción será más rápida. “De ahora en adelante podremos fabricar máquinas similares en un plazo de entre 24-30 meses y, básicamente, el costo de un segundo satélite como este, sería la mitad de lo que costó el Amazônia-1”, nos dice.

Brasil ha construido satélites antes, pero siempre han sido esfuerzos coordinados con otras naciones, notablemente China, y Brasil aún necesitará de otro socio internacional para poner el satélite en órbita. “Se hará una licitación internacional para escoger entre cuatro candidatos posibles”, añadió da Silva.

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